Cuantas veces debe latir mi corazón para que deje de pensar en ti? cuantos son los minutos que deben de pasar para que mis labios dejen de mencionar tu nombre en silencio? porque sigo comportándome como si fuera el mejor amigo de hombre ante ti, sí has sido un dueño dejado y poco solidario. Porque sigo sintiendo esa necesidad de sentir un abrazo tuyo, tan grande era el afecto que me entregabas? Y si era tan grande porque no estas aquí a mi lado en este momento? y así continuo cuestionándome cada noche, en cada pausa de mis días y así va pasando el tiempo.
A veces me recuesto en mi cama y miro mi mobil pensando que tu nombre va a aparecer en la pantalla, lo pienso, lo imagino, lo deseo —¡No creo que puedas comprender como lo deseo!— pero no ocurre. Siento como si fuese cayendo en un pozo el cual no tiene fondo y que tú eres el único que puede tender tú mano para sacarme y rescatarme, pero sé que no es así, se que no eres el único, ¡que absurdo! sé que no necesito de otra mano para poder salir de aquel pozo, pero siento y se me pasa por la mente que quiero que seas el único, y es eso lo que me aterra, que siempre crea que tú eres el único que puede ayudarme, que tú seas el gran amor que espere y que ahora te has ido, que no seas esa maya de seguridad que tanto desee y que quise ser contigo.
Aquel día que te vi, sentí como si el cielo se viniese abajo, como si la gravedad hubiese aumentado y todo mi cuerpo fuese consumido por una brisa del polo norte, sentí que mi cabeza hubiera salido recién de un torbellino y en lo único que pensaba eran en las palabras de aquel profesor que me enseño que hacer en una situación de emergencias, inhalar por la nariz y votar por la boca, lo hacia disimuladamente para que el resto de gente que rodeaba la mesa no se diese cuenta de que estaba aterrado, aterrado a que siguiera mis impulsos de pararme de la mesa eh ir a tu lado y no soltarte, decirte cuanto es lo que te e extrañado y anhelado. El día anterior a ese pase frente a tú casa, me detuve, prendí un cigarrillo y continué mi camino, en ese momento desee volar, muchas veces lo deseo pero esa vez fue diferente, sentía la necesidad de volar, de emigrar, de tomarlo de una manera de escapar de todos estos sentimientos, y creo que los sentimientos son como cadenas que nos van atando a personas o a momentos, contigo tuve varios momentos, por ende deben de haber muchas cadenas, algunas gruesas como otras débiles pero cadenas al fin y al cabo, y si hablamos de personas, no fuiste ni eres cualquier persona, eres aquella persona que me hacia sonreír como nadie lo supo hacer estos quince años. Tú me haces sentir especial.
Cuando te pedí una segunda oportunidad me respondiste: "No puedo, dejemos las cosas como están, cuídate." pero si tan solo dejaras entrar esa opción y ni siquiera como opción, si no como la opción de juntarnos, conversar, disfrutar de un café, de un cigarrillo, sin nada más, tan solo para crear un nuevo momento, un nuevo lazo, un lazo que tan solo tiempo le coloque nombre.
Te extraño, no miento.
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